Cada día responsables de marcas de todos los tamaños y de diversos sectores contactan con consultoras buscando ayuda para definir de forma clara su propósito.

Una pregunta que tendríamos que hacernos todos los estamos ante un proyecto de estas características es cuál es la motivación real, la verdadera razón de la búsqueda de este propósito.

En ocasiones, responsables que tienen relación con la marca pero no representan el centro de la gestión quieren dotar a toda costa de un propósito a su marca como un medio para conectar con sus audiencias o, directamente, para vender más o mejorar su reputación.

Este planteamiento es de base completamente disfuncional puesto que una organización no puede transmitir un propósito y no tenerlo en cuenta en la toma de decisiones interna o en el comportamiento de la empresa. Imaginemos que es una persona de nuestro entorno la que actúa de manera contraria a como dice ser, ¿podríamos confiar en esa persona?

Con las marcas ocurre lo mismo, una marca que dice tener un propósito pero que no lo convierte en una motivación real de la compañía, una forma de ver el mundo buscada desde alta dirección que impregne a toda la organización, no es una marca funcional.

Una marca con un propósito creado desde un punto de vista de la comunicación únicamente para limpiar imagen o mejorar la percepción, está condenada a sufrir las consecuencias de vivir en una paradoja, arriesgándose a no ser íntegra y a caer en el olvido de las marcas que decepcionan.

Podrán seguir vivos como empresa, incluso seguir teniendo mucho volumen de negocio, pero como marca no tendrán credibilidad y en algún momento esto se volverá en su contra.

Un tomador de decisiones de una marca debe hacerse preguntas directamente relacionadas con su propósito:

¿Cómo ha influido en las últimas decisiones que hemos tomado?

¿Nos han acercado nuestras decisiones hacia él?

¿Qué plan de acción hemos definido para llegar a nuestro propósito en los próximos meses/años?

¿A qué hemos tenido que decir No para ser fieles a nuestro propósito?

Si con estas preguntas nos damos cuenta de que la compañía no es consecuente con su propósito, sin duda, mejor replanteárselo que meterlo “con calzador”.

 

Fotografía: Michal Parzuchowski

Carlos Corral Madrigal
Director Ejecutivo en Baud